La burocracia y el tiempo

No sé si te has visto en la tesitura de tener que ir a tráfico para dar de baja al coche. Es un coche viejo que tienes metido en la cochera por qué no sabes qué hacer con él, siempre estas diciendo que si tuvieras dinero lo arreglarías para el niño cuando se saque el carnet de conducir pero lo piensas y miras y ves que es un coche con más de veinte años, que tiene zonas en las que le falta la pintura y que como no se convierta de la noche a la mañana en un transformers no hay quien lo arregle.

Por eso tomas la decisión de darle de baja y venderlo a un desguace para que se recicle todo lo que se pueda. Así que te diriges a la dirección general de tráfico y vas siguiendo los letreros estratégicamente colocados en las puertas, sigues el que pone dgt baja de vehiculos y entras, ahí te encuentras con veinte personas por lo menos que están esperando a hacer la misma gestión que tu. Por eso te armas de paciencia y te apoyas en la pared porque solo hay seis sillas en la sala de espera y como es de esperar están todas ocupadas. Poco a poco te vas haciendo a la idea de que vas a estar allí toda la mañana por lo que respiras hondo y lo intentas asimilar.

Ya te va quedando menos como seis personas por delante de ti, así que ya vas viendo el fin, aunque sabes que han pasado ya dos horas y media de espera.

Cuando por fin te toca casi saltas de alegría, presentas toda la documentación y para tu asombro el uncionario te dice que te falta no se qué documento y que sin él no vas a poder hacer nada, intentas ser simpática y pedirle por favor que te lo imprima y te lo deje hecho pero nada, a parte te dice que necesitas la firma del dueño del vehículo que es tu marido. ¡Te tiras de los pelos! Toda la mañana perdida para no poder hacer nada, además vas a tener que volver al día siguiente para terminar de gestionar todo esto.

Llegas a casa y te desplomas contra el sofá, cuando le cuentas a tu marido lo que te ha pasado se echa a reír y te dice que la baja del vehículo la gestiona el desguace al que se lo vas a vender y ahora sí, te tiras de los pelos y no es sentido figurado.

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